lunes, 14 de julio de 2014

Metáfora conceptual


 
LA METÁFORA CONCEPTUAL

 

Es un fenómeno de cognición en el que un área semántica o dominio se representa conceptualmente  en términos de otro. Esto quiere decir que utilizamos nuestro conocimiento de un campo conceptual, a menudo concreto o cercano a la experiencia física, para estructurar otro campo que suele ser más abstracto. El primero se denomina dominio fuente, puesto que es el origen de la estructura conceptual que importamos. El segundo se denomina dominio meta o destino. Por ejemplo, la metáfora conceptual según la cual conceptualizaríamos el tiempo en términos de dinero se denomina convencionalmente EL TIEMPO ES DINERO. Esta metáfora es responsable de múltiples expresiones en español como ganar tiempo, malgastar tiempo o ahorrar tiempo.

Es importante distinguir entre metáfora conceptual y expresión lingüística metafórica. Las primeras son esquemas abstractos de pensamiento que se manifiestan de muchas formas, entre ellas el lenguaje, en cambio, las expresiones lingüísticas pueden variar de una lengua a otra aunque la metáfora conceptual sea la misma.

Una metáfora conceptual indica un conjunto de asociaciones sistemáticas entre los elementos del dominio fuente y el dominio meta así como un conjunto de inferencias que resultan posibles gracias a esa asociación. Las asociaciones entre elementos se denominan correspondencias ontológicas y las proyecciones de conocimiento, que nos permiten hacer inferencias, se denominan correspondencias epistémicas.

EL lenguaje nos sugiere que muchos de nuestros conceptos más básicos se conceptualizan metafóricamente. Por ejemplo, es difícil hablar de las causas, los estados, las acciones, el tiempo, las ideas o la vida sin usar lenguaje metafórico (“responder” a una causa o “ganar” tiempo). Como las metáforas conceptuales son fenómenos de pensamiento, también encuentran expresión en los gestos, en el comportamiento, en la pintura, o incluso en los objetos que creamos para nuestro uso cotidiano.

1.   El origen de las metáforas

Las metáforas conceptuales no son arbitrarias. Según la literatura, la principal motivación de una metáfora conceptual puede residir en su base experiencial o en la percepción que hacemos de un parecido entre dominios.

La segunda motivación de las metáforas conceptuales es la percepción de un parecido entre dos dominios. El parecido puede ser real y objetivo (por ejemplo, entre la forma de un ratón y la del accesorio informático), o simplemente “percibido”. Un parecido es un parecido que construimos entre dos entidades objetivamente diferentes porque según nuestros modelos culturales tienen algún rasgo en común o porque las metáforas conceptuales que ya poseemos nos invitan a ver una similitud entre ellos. Por ejemplo, los linces y las personas inteligentes tienen objetivamente poco en común, exceptuando un rasgo que se adjudica a ambos en nuestra cultura: el de ser astutos.

Las metáforas que poseemos también nos permiten construir una similitud estructural entre dos dominios dispares. Por ejemplo, la ira se conceptualiza en muchos idiomas como una sustancia caliente que ejerce presión dentro del cuerpo. Objetivamente existe poco parecido entre algo concreto como una sustancia física y algo abstracto como una experiencia emocional ; sin embargo, nos resulta fácil entender la “lógica” que justifica expresiones como hervir la sangre o explotar. Esto porque la ira y los fluidos calientes dentro de un contenedor a presión nos parecen “similares” , así según nuestro repertorio de metáforas conceptuales más básicas, las emociones son objetos/sustancias, el cuerpo es un contenedor y la intensidad es calor.

Es importante señalar que toda representación ocurre en el marco de una cultura. Un ejemplo claro son las metáforas en las que la PERCEPCIÓN se utiliza como dominio fuente. Muchos idiomas tienen expresiones en las que las experiencias de los sentidos (vista, oído, gusto, tacto y olfato) se utilizan para representar experiencias más abstractas de tipo cognitivo o emocional (olerse algo o tocar la fibra sensible). Las metáforas de PERCEPCIÓN por tanto ilustran cómo la cultura sirve de filtro a las posibles representaciones metafóricas que pueden construirse en base a nuestras experiencias sensoriales y motoras.

2.   Principales características

Las metáforas conceptuales se caracterizan por ser un fenómeno cognitivo, no un simple accidente lingüístico, y por esta razón su presencia es ubicua dentro y fuera del lenguaje.

3.   Principales distinciones tipológicas

Un primer criterio es la estructura. Gracias a ella podemos clasificarlas en proyecciones de una correspondencia y proyecciones de varias correspondencias. En las primeras, el dominio fuente solo exporta un rasgo. El objetivo de estas proyecciones es dar prominencia a una parte del dominio meta mediante una característica muy saliente y esencial del dominio fuente. Por el contrario, en las metáforas de varias correspondencias, el dominio fuente exporta un amplio conjunto de correspondencias tanto ontológicas como epistémicas que nos permiten estructurar el dominio meta de manera más compleja, y por tanto expandir las inferencias que podemos hacer sobre él.

De acuerdo a su función, las metáforas pueden clasificarse en estructurales, ontológicas y orientacionales. La función de las primeras consiste en organizar nuestro conocimiento del dominio meta mediante la rica estructura conceptual importada del dominio fuente. Las metáforas de varias correspondencias son por defecto metáforas estructurales, ya que esta justamente es su función. Por su parte, las metáforas ontológicas sirven para dar un estatus ontológico y por tanto mayor definición a los dominios abstractos.

Para concluir, las metáforas orientacionales dotan de coherencia a un conjunto de metáforas en nuestro sistema conceptual, puesto que comparten la misma fuente.

4.   Evidencia lingüística y psicolingüística

La existencia de metáforas conceptuales se sugirió en un primer momento a la vista de las sorprendentes sistematicidades que caracterizan nuestro lenguaje metafórico habitual. Pero pronto nuevos descubrimientos lingüísticos vinieron a respaldar la existencia de estas asociaciones conceptuales.

Un análisis mediante metáforas de los distintos significados que una palabra tiene en la actualidad nos revela que estos no son accidentales, sino que están relacionados. Una de las fuentes más convincentes de evidencia empírica proviene del campo de la psicología y la psicolingüística.

En los últimos años la evidencia empírica se ha multiplicado y también focalizado. La mayor parte de estudios en psicología experimental versan sobre asociaciones de las que llamaríamos primarias o correlaciónales, y muestran que en este caso la activación de las metáforas sí es automática. Una de ellas es la asociación entre IRA y Calor, basada en la experiencia fisiológica de aumento de temperatura que acompaña a la emoción.

5.   Las metáforas a nuestro alrededor

Además de la semántica y la psicología cognitiva, muchas otras disciplinas han adoptado el marco teórico que ofrece la teoría de la metáfora conceptual. Entre ellas cabe citar el aprendizaje y la adquisición de lenguas, el estudio de la lengua de signos, la crítica literaria , el estudio de la gramática y la filosofía. Igualmente amplia es la gama de temas que se convierten en objeto de estudio en el marco de la metáfora conceptual. Entre ellos encontramos las emocionales, las matemáticas, la moralidad, la publicidad, el mundo de la inteligencia artificial, la informática y el internet. La metáfora se utiliza también en el estudio del movimiento figurado o movimiento ficticio y en el impacto que el movimiento ficticio tiene en nuestra conceptualización del tiempo. El objetivo de estos estudios es determinar en qué casos son posibles estas metáforas, qué variación existe entre las distintas lenguas, y hasta qué punto este movimiento metafórico se procesa cognitivamente de la misma manera en que procesamos el movimiento real.
 
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario