miércoles, 16 de julio de 2014

LINGUISTICA COGNITIVA: EL LENGUAJE FIGURADO


Semántica conceptual


 
LA SEMÁNTICA CONCEPTUAL

 

1. Introducción

La semántica conceptual parte del postulado básico que el lenguaje es el vehículo del significado y, a su vez, la ventana que nos muestra cómo los hablantes de una lengua conceptualizan o entienden la realidad.

2. El lenguaje como entrada al sistema conceptual

Según Talmy, el lenguaje es la puerta de entrada a nuestro sistema conceptual, en otras palabras, la estructura semántica que se observa en la lengua es un reflejo de la estructura conceptual, de las representaciones mentales que los hablantes de una lengua tienen del mundo en el que viven. El sistema conceptual no es una reproducción exacta de la realidad; el sistema conceptual esta corporeizado y emerge de la experiencia corpórea con el mundo que nos rodea y con el que interactuamos continuamente.

El sistema conceptual está formado por dos subsistemas: el sistema de estructuración conceptual y el sistema de contenido conceptual. El lenguaje, tiene a su vez, dos sistemas claramente diferenciados que muestran la bifurcación de los dos subsistemas conceptuales. Por un lado tenemos el sistema abierto o el léxico, que es el que aporta el contenido conceptual y, por el otro, el sistema cerrado o la gramática, que es el que ofrece el “esqueleto” o la “estructura” sobre la cual se engarza el contenido conceptual.

3. Los sistemas esquemáticos

La estructura conceptual, según la teoría de Talmy, está formada por una serie limitada de sistemas esquemáticos. Estos sistemas esquemáticos proporcionan la “arquitectura” básica sobre la cual el contenido conceptual, expresado por el sistema abierto o el léxico, se engasta. Dicho de otro modo, los sistemas esquemáticos estructuran una escena expresada a través del lenguaje; cada uno de los sistemas contribuye a un aspecto estructural de dicha escena.

Inicialmente Talmy propone cuatro sistemas esquemáticos; el sistema de estructura configuracional, el sistema de perspectiva, el sistema de atención y el sistema de dinámica de fuerzas. Más tarde dicho autor añadirá a estos cuatro uno más: el sistema del estado cognitivo, y no cierra la posibilidad de incluir otros a futuro.

3.1 El sistema de estructura configuracional

3.2 El sistema de perspectiva

3.3 El sistema de la distribución de la atención

3.4 El sistema de la dinámica de fuerzas

3.5 El sistema del estado cognitivo

4. La expresión del movimiento

Parte del trabajo de Leonard Talmy se ha centrado en el estudio de la expresión de los eventos de movimiento en distintos, movimientos, y en el establecimiento de una tipología basada en los diferentes patrones que las lenguas emplean para expresar dichos eventos. Antes de abordar la tipología propuesta por Talmy, es necesario explicar que es un evento de movimiento y los componentes semánticos que lo forman.

Según Talmy el evento de movimiento básico consiste en un objeto (la figura) que se mueve o que está situado con respecto a otro objeto. Para este autor los eventos de movimiento engloban situaciones que contienen tanto desplazamiento como situaciones estáticas.

Los eventos de movimientos están formados, a su vez, por cuatro componentes semánticos: la figura o la entidad que se mueve, la base o entidad con respecto a la que se mueve la figura, el movimiento y el camino o sendero, que es el componente semántico más importante.

4.1 Verbos de movimiento: tres tipos de lengua

4.2 Camino: dos tipos de lengua

5. Conclusión

El presente capítulo ha introducido brevemente al lector en una de las teorías fundamentales dentro de la lingüística cognitiva: la semántica conceptual. Esta teoría semántica define que la gramática, al igual que el léxico, tiene significado y que ambos sistemas lingüísticos se encargan de expresar aspectos distintos de la estructura conceptual, de nuestras representaciones mentales del mundo en que vivimos. A partir de cómo se manifiesta en el lenguaje, nuestro sistema conceptual puede dividirse en dos subsistemas, el sistema de estructuración conceptual y el sistema de contenido conceptual.
 
 
 

Escritor en el tiempo


 
EL ESCRITOR EN EL TIEMPO

 

La producción literaria es el producto de una población de escritores que, a través de los siglos, se somete a fluctuaciones análogas a las de los demás grupos demográficos. Para obtener una definición sobre esta población literaria, se puede entrever dos procedimientos extremos. El primero consistiría en catalogar todos los autores de libros publicados en un país entre dos fechas determinadas. El segundo consistiría en remitirse a una lista de buena fe, como el índice de un manual de historia de la literatura de reconocida calidad.

 
De hecho, ninguno de los dos procedimientos no es satisfactorio. El primero descansa sobre una definición mecánica del escritor ya que ignora la necesaria convergencia o compatibilidad de intenciones entre lector y autor. Por la misma razón, el escritor considerado como un simple “productor de palabras” es algo sin significación literaria.

La visión crítica del índice parece pues más justa. Pero es suficiente con analizar el índice de un manual de literatura para notar, habida cuenta del crecimiento de la población literaria, que la proporción de los autores citados aumenta a medida que uno se acerca a la fecha en la que el manual ha sido compuesto. La progresión empieza siendo muy lenta, y puede considerársela prácticamente sin importancia hasta la época en que aparecen escritores cuya vida alcanza la del autor del manual, es decir, que vivían todavía en el momento en que este autor comenzaba sus estudios.

La elaboración a la que la perspectiva histórica somete a la población de escritores, es a la vez cuantitativa y cualitativa. Cuantitativamente, la selección decisiva y la más severa es la de la primera generación exterior a la zona biográfica. Toda antología es discutible en sus pormenores, pero la experiencia prueba que si han sido tomadas las precauciones convenientes, se obtiene por este método un reparto normal, cuyo ritmo general no cambia gran cosa si se modifica los elementos de selección o la severidad del criterio.

Generaciones y equipos

El primer fenómeno que un catálogo semejante permite estudiar es el de la generación. La generación, tal como la entienden Albert Thibaudet o Henri Peyre, es un fenómeno evidente: en cada literatura, las fechas de nacimiento de los escritores se agrupan por «equipos» en ciertas zonas cronológicas. Se encontrará en la obra de Henri Peyre un repertorio completo de estas generaciones, válido para muchas literaturas europeas.
La noción de generación no debiera sin embargo ser utilizada más que con ciertas precauciones.

El primer escollo que es preciso evitar es el de la “tentación cíclica”. Es realmente seductor imaginar que estos grupos cronológicos de escritores se suceden a intervalos regulares.

Segunda observación, las generaciones literarias difieren de las generaciones biológicas en que constituyen grupos numéricamente identificables: “equipos”. Por el contrario, en la población general de un país, la repartición de los grupos de edad varía muy lentamente y dentro de unos límites relativamente estrechos.

Una tercera observación sigue a la precedente. Cuando se habla de una generación de escritores, la fecha significativa no puede ser ni la de nacimiento ni la de los veinte años. No se nace escritor, se convierte uno en ello, y es muy raro que se haya alcanzado ya a los veinte años.

La noción de generación, que nos seduce de entrada, no es pues absolutamente clara. Quizá sería mejor sustituirla por la de «equipo», más dúctil y más orgánica. El equipo es el grupo de escritores de todas las edades (aunque de una edad dominante) que, en ocasión de ciertos acontecimientos, “toma la palabra”, ocupa la escena literaria y, conscientemente o no, bloquea el acceso a ella durante un cierto tiempo, prohibiendo a las nuevas vocaciones realizarse.

¿Cómo abordar el hecho literario?

I.      Libro, lectura y Literatura

Definir el libro es cosa difícil. Littré duda entre una definición material – “reunión de varios cuadernos de páginas manuscritaso impresas” – y una definición semiintelectual –“obra espiritual, sea en prosa o en verso, de una extensión lo suficientemente amplia para llenar al menos un volumen”.

El defecto de todas estas definiciones es que consideran el libro como un objeto material y no como un medio de intercambio cultural. Ahora bien, un libro es una “máquina para leer”, y es la lectura lo que lo define: “Es el esfuerzo conjugado del autor y el lector que hará surgir este objeto concreto e imaginario que es la obra del espíritu”.

Copiado, impreso o fotografiado, el libro tiene por finalidad permitir la multiplicación de la palabra, al mismo tiempo que su conservación: un libro para una sola persona no tendría ningún sentido.

Ahora bien, la unidad estadística es el título y no el ejemplar. Teniendo en cuenta las importaciones y las repeticiones, la estadística por títulos nos pude indicar, como máximo, la riqueza y la variedad de la vida intelectual de un país; nos permite evaluar el número y la productividad de sus escritores, pero no nos da ninguna idea del papel de la lectura en la vida social. Para analizar el fenómeno de la lectura, sería preciso tener en cuenta las tiradas –no tan solo las de la edición, sino incluso las de la prensa.

Todas las lecturas posibles no son efectivas. Partiendo de las cantidades de papel, eliminando a los analfabetos y a los niños, habida cuenta de que un mismo material sirve para tres o cuatro lectores, deberíamos admitir que un francés lee por término medio 40.000 palabras por día y un inglés, tres veces más.

El libro, como podemos ver, no representa sino una pequeña parte de las lecturas posibles y una más pequeña todavía de las lecturas efectivas. Su desquite se presenta en el momento de aparecer la noción de literatura.

No se puede pues confiar en las clasificaciones formales o materiales sistemáticas para hacernos una idea clara de las relaciones lectura-literatura. Es más bien la naturaleza del intercambio autor-público lo que nos permite definir lo literario y lo que no lo es. Todo escrito puede convertirse en literatura, en la medida en que nos permite evadirnos, soñar o, por el contrario, meditar, cultivarnos gratuitamente.

Y, al revés, hay usos no literarios de obras literarias: el consumo de literatura no se identifica con la lectura literaria. Se puede comprar un libro con otras intenciones que no sean las de leerlo. Se puede leer un libro con otras intenciones distintas a las de obtener de él un placer estético o un beneficio cultural. Por ende, una definición rigurosa de literatura supone una convergencia de intenciones entre lector y autor; una definición más amplia exige por lo menos una compatibilidad de intenciones.

II.    Las vías de acceso

El método más evidente para comprender un fenómeno a la vez psicológico y colectivo es el de interrogar a un número de personas juiciosamente elegidas.

Quien nos cite a Stendhal o Malraux como sus lecturas habituales y confiese que lee, a veces, una novela policíaca o dos para relajarse, no querrá admitir que el tiempo consagrado por él a la lectura policíaca, es de hecho, muy superior al que concede a sus “libros favoritos”. Si menciona la lectura del periódico, olvidará aquellos minutos que consagra a la tira de dibujos y que, en total, representan un tiempo apreciable; asimismo, pasarán desapercibidas las lecturas de la sala de espera, o las que se pasan en la biblioteca de los niños.

Hay aquí un amplio campo cuya explotación no puede negligir el historiador literario. Es lo que se llama la “subliteratura”, o la “infraliteratura”, o las “literaturas marginales”. Entre esta zona ignorada de los manuales hasta una época muy reciente, y el dominio de las obras “nobles”, existen constantes intercambios a nivel de temas, ideas y formas. Y llega aún a suceder que una obra pasa a veces de un sector a otro. Como se verá más tarde, pertenecer a la literatura o a la subliteratura no se define por las cualidades abstractas del escritor, de la obra o del público, sino por un cierto intercambio.

El testimonio de los intermediarios del libro podría tener más valor, pues editores, libreros y bibliotecarios controlan los principales rodajes del mecanismo de los intercambios. Desgraciadamente, para las dos primeras categorías, el secreto comercial es una mordaza demasiado eficaz; para la mayor parte de ellos, su despacho o su tienda son puestos de mando cerrados, donde sin embargo ejercen una influencia real y decisiva sobre escritores y el público.

El caso de los bibliotecarios es poco distinto, pues está generalmente en condiciones de dar testimonio directo sobre el comportamiento de sus lectores. El inconveniente es que este testimonio no se refiere sino a una parte muy reducida y especializada de público: la del lector de biblioteca.

Es a través del estudio de los datos objetivos explotados sistemáticamente y sin ideas preconcebidas que será preciso abordar el hecho literario. De entre los datos objetivos vamos a utilizar en primer lugar, los estadísticos.

Se puede finalmente llegar al estudio de casos concretos según los métodos de la literatura general o de la literatura comparada: éxito de una obra, evolución de un género o de un estilo, planteamiento de un tema, historia de un mito, etc.

 

Ambiguedad


 
AMBIGÜEDAD


1. Introducción al problema

¿Qué es la ambigüedad?

Tenemos por ejemplo que una palabra es ambigua si tiene diferentes significados o sentidos, o si se está en lugar de ideas diferentes. Pero entidades fantasmagóricas tales como significados, sentidos, o ideas no producen más que el fantasma de una explicación. Desde una perspectiva más concreta pude decirse que una palabra es ambigua cuando tiene diferentes lecturas en el diccionario, es decir, si está correlacionada con diferentes expresiones actuales del diccionario. ¿Pero qué diccionario hay que escoger y cómo ha sido hecho? ¿Son claramente formulables los principios de acuerdo a los cuales se han establecido sus lecturas? Las lecturas no sinónimas pueden significar generalidad más que ambigüedad.

2. Inscripciones y extensiones: ambigüedad elemental

Las propuestas que acabamos de considerar tienen en común lo siguiente: el que interponen entre las palabras y las cosas denotadas entidades adicionales- significados, sentidos, ideas o lecturas como raíz de la ambigüedad; entidades cuya individuación, o papel explicativo, es obscuro, y que implican, como mínimo, el recurso a la controvertida noción de sinonimia.

3. Ambigüedad-E, generalidad y vaguedad

La categoría inclusiva, desde el punto de vista de nuestro interés presente, es la de ambigüedad, con los indicadores formando un subgrupo de términos ambiguos, distinguibles a grandes rasgos por el hecho de que la variación extensional de las réplicas- indicadores está relacionada, de una manera relativamente sistemática, con algún rasgo contextual de estas réplicas. Así, un “yo” se refiere normalmente a su propio productor, y un “ahora” aun adecuado período de tiempo dentro del cual se encuentra su propia producción.

4. Ambigüedad de Ocurrencia: Ambigüedad- I

La ambigüedad elemental, por tanto, no concuerda con las interpretaciones usuales. Al decir que una expresión es “ambigua” con frecuencia queremos decir que hay alguna dificultad ligada a su interpretación en una ocurrencia dada, es decir, alguna indecisión que afecta  al giro singular.

Asimilar una tal indecisión a mera vaguedad sería obviar el punto crucial de que tal como lo expone Richman “la ambigüedad psicológica implica una ambigüedad semántica”.

5. Ambigüedad de ocurrencia: ambigüedad- M

Ya que la palabra “alumbraron” es un juego de palabras que denota ambas cosas, parir e iluminar, el juego requiere ambas referencias; ya que no se trata de decidir sobre la pretendida referencia única. Con todo, ambas referencias no pueden, sin contradicción, atribuirse al mismo término.

Pero tampoco podemos expeditivamente relativizar la denotación a lenguajes o sistemas, de manera tal que el mismo giro tenga, por ejemplo, una extensión en un lenguaje dado, y otra en uno diferente. Un giro frase es un tofo integrado por giros- palabra con espaciamiento y orientaciones mutuas apropiadas, articulados gramaticalmente en el orden lineal normal.

6. Un problema nuevo: centauros verdes

Richman hace notar el caso siguiente, planteando un problema nuevo “centauro verde”, escribe, es un término ambiguo, dado que puede usarse para significar centauros de un cierto color, o centauros de un cierto grado de experiencia; las clases a las que alude, sin embargo son ambas idénticas, ya que ambas son vacías.

7. Diferencia de significado

Al tratar de la ambigüedad hemos avanzado algo apelando a la divergencia extensional, si bien nos hemos encontrado con dificultades para los casos en que la ambigüedad persiste en una tal divergencia. Hemos visto que la identidad de la extensión no elimina en todos los casos las diferencias de significado asociadas a distintas réplicas.

8. Ambigüedad constituyente

La idea que se impone rápidamente es la de tener en cuenta las extensiones de las palabras, tanto constituyentes como compuestas. El criterio original de Goodman basculaba en torno a la referencia a las extensiones de las dos mismas palabras originales, así como a las de sus compuestos. Aplicado a los giros, este criterio no puede explicar el caso del “centauro verde”. Pero solo queremos hacer observar que las réplicas de la palabra constituyente “verde” se caracterizan por la ambigüedad elemental, dado que algunas denotan cosas de un cierto color y, otras, cosas de un cierto grado de experiencia.

9. Ambigüedad compuesta

Consideremos, primero, que la ambigüedad constituyente depende de la separabilidad de los constituyentes. Palabra de los giros dados. ¿No podemos concebir una ambigüedad que sigue siéndolo aun cuando no se admita tal separabilidad? Imaginemos, por ejemplo, que hemos aprendido a entender desde un principio todo giro “centauro verde” como una unidad indivisible singular, no teniéndose como dominio alguno de los giros “verde” aislados. Sin embargo, se sabe que todos los giros “centauro verde” son idénticos en extensión, al no haber centauro verde alguno. Por tanto, no hay aquí ambigüedad elemental alguna, ni tampoco hay, por falta de separabilidad relevante, ambigüedad constituyente alguna.

10. Selección de la mención

Una clave nos la proporciona una ulterior consideración sobre la situación de aprendizaje. Observamos que no porque un niño entresaque siempre el término “centauro” puede por ello considerarse que haya captado aun el todo de la cuestión, hasta que no podamos está seguro de que él, o ella, pueda seleccionar correctamente imágenes de centauro. Ahora bien, en la selección de tales imágenes, el niño, de modo típico, no usa de hecho el compuesto “imagen de centauro”, sino más bien el término original “centauro”. Además, al señalar al centauro en un dibujo determinado se espera que el niño aplique el mismo término “centauro” a una región apropiada del dibujo. Tales usos cuasi- denotativos del término los llamaremos selectivos de la mención, ya que, aunque literalmente no denotan ni imágenes de centauro, ni ámbitos de centauro, se están utilizando aquí, de forma reminiscente de la metáfora, para seleccionar de hecho menciones de centauro.
 
 
 

El Discurso


 
EL ESTUDIO DEL DISCURSO

 
Teun A. van Dijk

¿Qué es el discurso?

Lo que ocurre en este caso lo mismo que con otros conceptos afines, como “lenguaje”, “comunicación”, “interacción”, “sociedad” y “cultura”: la noción de discurso es esencialmente difusa. Pero se puede ir cogiendo por partes y sacar un concepto poco a poco. Decir que el discurso es un suceso de comunicación ya que el lenguaje sirve para comunicar ideas o creencias y lo hacen como parte de sucesos sociales más complejos. Podemos también mencionar que el discurso es una interacción verbal, ya que un simple encuentro de amigos podemos intercambiar lenguaje verbal y no verbal con ellos, haciendo efectivo lo que acabo de mencionar.

Por otro lado, el uso del lenguaje no se limita al lenguaje hablado, sino que incluye el lenguaje escrito, ya que existe mucha similitud en la manera como las personas habla o escriben cuando utilizan el lenguaje para comunicar sus ideas y lo mismo ocurre cuando a gente escucha o lee un discurso. Además los textos también tienen usuarios y es así que podemos hablar de una interacción escrita a pesar de no interactuar cara a cara.

El discurso como estructura verbal:

v  El sonido, la vista y el cuerpo

En el discurso hablado los sonidos tampoco ocurren aislados, están acompañados por diversos tipos de actividad no verbal, como los gestos, las expresiones faciales, la posición del cuerpo, la proximidad, el aplauso y la risa, acciones que acompañan a las conversaciones.

Hablar de aspectos auditivos, visuales y corporales del discurso presupone una diferenciación ben conocida: la conversación y el texto, donde la primera comprende las conversaciones cotidianas, el dialogo, etc. Mientras que el segundo define un conjunto grande de tipos de discurso que comprende los libros, las novelas, etc.

v Orden y forma

El orden de las palabras o de las frases puede cumplir diversas funciones con respecto a otras oraciones del discurso. El orden también puede desempeñar otras funciones como la de indicar contraste, énfasis o una elección entre varias alternativas. El orden normal de las palabras de una oración puede cambiar en función de la estructura de las oraciones anteriores o de la información que estas brindan.

Por otro lado la forma de las oraciones  opera como indicador de la distribución de la información a través del discurso, la estructura formal de las oraciones en el discurso es independiente del resto del discurso.

v  Sentido

La descripción del sentido del discurso dejamos atrás la lingüística y la gramática tradicionales y encontramos nociones típicas del discurso propiamente dicho. Los tópicos de un discurso  constituyen los sentidos globales del discurso  definen sus coherencia global o macroherencia. Cuando explicitamos el tópico de un texto  en realidad estamos contestado preguntas como: ¿de qué está tratando o hablando? Los tópicos son elementos cruciales del texto y la conversación. Sin ellos  ¿no sabríamos de qué estamos hablando o que estamos  leyendo. Definen la unidad global del discurso y se expresan habitualmente en ciertos segmentos  del discurso como los titulares, los resúmenes o las conclusiones.

v  Estilo

Se puede intentar definir en términos de variación. Es decir que para referirnos a las mismas personas, podemos utilizar ítems léxicos diferentes. Cuando estas variaciones ocurren en función del contexto, se dice que estaos frente a características del estilo del discurso.

v  Retórica

Los análisis retóricos habitualmente se ocupan de estos “Recursos” de persuasión, es decir, de las estructuras especiales del discurso que atraen la atención en razón, por ejemplo, de una repetición inesperada, de un orden invertido, de estructuras que quedan incompletas o de cambios del sentido.

Discurso y sociedad:

En este caso podemos hablar de estructuras locales y globales del contexto. Entre las restricciones contextuales locales del discurso tenemos, a situación, los participantes y sus  diversos papeles comunicativos y sociales. El contexto global se vuelve relevante tan pronto como identificamos el discurso u otras acciones corrientes  como una parte constituyente de acciones o procedimientos institucionales u organizativos y cuando los participantes interactúan en calidad de miembros de categorías sociales.

v  Análisis social del discurso

El discurso es una parte intrínseca de la sociedad y participa de todas sus injusticias, así como de las luchas que se emprenden contra ellas. Los analistas críticos del discurso no se limitan a observar tales vínculos entre el discurso y las estructuras sociales, sino que se proponen ser agentes del cambio, y lo hacen como expresión de solidaridad con todos los que necesitan con urgencia ese cambio.

v  Estudios del discurso

Estos estudios surgieron en la década de 1960 más o menos al mismo tiempo en diversas disciplinas de las humanidades.

El estructuralismo  aportó un marco más amplio para el estudio de la narrativa, los mitos, la literatura, las películas cinematográficas y otras prácticas semióticas.

En cuanto a la sociología y pragmática existen trabajos dedicados  al estudio de la naturaleza discurso, que subraya la necesidad de estudiar el lenguaje concreto en sus contextos sociales y culturales variables.

Según la psicología social y discursiva, partiendo del paradigma cognitivo predominante e inspirados en los principios de la etnometodologia, destacaron en particular la realización interactiva de fenómenos psicológicos como a comprensión, la explicación, las opiniones y las ideologías.

Diversidad e integración

Algunos investigadores jamás aceptaran la honda división que se hacía entre la cognición por una parte y la interacción, la sociedad y la cultura por la otra y promovieron el estudio de la antropología cognitiva y de la cognición social como base del análisis del discurso que, para ellos, entrenaba una dimensión sociocultural y otra cognitiva. Por un lado los estudios del discurso reprodujeron parcialmente las bien conocidas limitaciones propias de las disciplinas especializadas o las divisiones arbitrarias propias del trabajo y las esferas de interés de los investigadores.

 

lunes, 14 de julio de 2014

Metáfora conceptual


 
LA METÁFORA CONCEPTUAL

 

Es un fenómeno de cognición en el que un área semántica o dominio se representa conceptualmente  en términos de otro. Esto quiere decir que utilizamos nuestro conocimiento de un campo conceptual, a menudo concreto o cercano a la experiencia física, para estructurar otro campo que suele ser más abstracto. El primero se denomina dominio fuente, puesto que es el origen de la estructura conceptual que importamos. El segundo se denomina dominio meta o destino. Por ejemplo, la metáfora conceptual según la cual conceptualizaríamos el tiempo en términos de dinero se denomina convencionalmente EL TIEMPO ES DINERO. Esta metáfora es responsable de múltiples expresiones en español como ganar tiempo, malgastar tiempo o ahorrar tiempo.

Es importante distinguir entre metáfora conceptual y expresión lingüística metafórica. Las primeras son esquemas abstractos de pensamiento que se manifiestan de muchas formas, entre ellas el lenguaje, en cambio, las expresiones lingüísticas pueden variar de una lengua a otra aunque la metáfora conceptual sea la misma.

Una metáfora conceptual indica un conjunto de asociaciones sistemáticas entre los elementos del dominio fuente y el dominio meta así como un conjunto de inferencias que resultan posibles gracias a esa asociación. Las asociaciones entre elementos se denominan correspondencias ontológicas y las proyecciones de conocimiento, que nos permiten hacer inferencias, se denominan correspondencias epistémicas.

EL lenguaje nos sugiere que muchos de nuestros conceptos más básicos se conceptualizan metafóricamente. Por ejemplo, es difícil hablar de las causas, los estados, las acciones, el tiempo, las ideas o la vida sin usar lenguaje metafórico (“responder” a una causa o “ganar” tiempo). Como las metáforas conceptuales son fenómenos de pensamiento, también encuentran expresión en los gestos, en el comportamiento, en la pintura, o incluso en los objetos que creamos para nuestro uso cotidiano.

1.   El origen de las metáforas

Las metáforas conceptuales no son arbitrarias. Según la literatura, la principal motivación de una metáfora conceptual puede residir en su base experiencial o en la percepción que hacemos de un parecido entre dominios.

La segunda motivación de las metáforas conceptuales es la percepción de un parecido entre dos dominios. El parecido puede ser real y objetivo (por ejemplo, entre la forma de un ratón y la del accesorio informático), o simplemente “percibido”. Un parecido es un parecido que construimos entre dos entidades objetivamente diferentes porque según nuestros modelos culturales tienen algún rasgo en común o porque las metáforas conceptuales que ya poseemos nos invitan a ver una similitud entre ellos. Por ejemplo, los linces y las personas inteligentes tienen objetivamente poco en común, exceptuando un rasgo que se adjudica a ambos en nuestra cultura: el de ser astutos.

Las metáforas que poseemos también nos permiten construir una similitud estructural entre dos dominios dispares. Por ejemplo, la ira se conceptualiza en muchos idiomas como una sustancia caliente que ejerce presión dentro del cuerpo. Objetivamente existe poco parecido entre algo concreto como una sustancia física y algo abstracto como una experiencia emocional ; sin embargo, nos resulta fácil entender la “lógica” que justifica expresiones como hervir la sangre o explotar. Esto porque la ira y los fluidos calientes dentro de un contenedor a presión nos parecen “similares” , así según nuestro repertorio de metáforas conceptuales más básicas, las emociones son objetos/sustancias, el cuerpo es un contenedor y la intensidad es calor.

Es importante señalar que toda representación ocurre en el marco de una cultura. Un ejemplo claro son las metáforas en las que la PERCEPCIÓN se utiliza como dominio fuente. Muchos idiomas tienen expresiones en las que las experiencias de los sentidos (vista, oído, gusto, tacto y olfato) se utilizan para representar experiencias más abstractas de tipo cognitivo o emocional (olerse algo o tocar la fibra sensible). Las metáforas de PERCEPCIÓN por tanto ilustran cómo la cultura sirve de filtro a las posibles representaciones metafóricas que pueden construirse en base a nuestras experiencias sensoriales y motoras.

2.   Principales características

Las metáforas conceptuales se caracterizan por ser un fenómeno cognitivo, no un simple accidente lingüístico, y por esta razón su presencia es ubicua dentro y fuera del lenguaje.

3.   Principales distinciones tipológicas

Un primer criterio es la estructura. Gracias a ella podemos clasificarlas en proyecciones de una correspondencia y proyecciones de varias correspondencias. En las primeras, el dominio fuente solo exporta un rasgo. El objetivo de estas proyecciones es dar prominencia a una parte del dominio meta mediante una característica muy saliente y esencial del dominio fuente. Por el contrario, en las metáforas de varias correspondencias, el dominio fuente exporta un amplio conjunto de correspondencias tanto ontológicas como epistémicas que nos permiten estructurar el dominio meta de manera más compleja, y por tanto expandir las inferencias que podemos hacer sobre él.

De acuerdo a su función, las metáforas pueden clasificarse en estructurales, ontológicas y orientacionales. La función de las primeras consiste en organizar nuestro conocimiento del dominio meta mediante la rica estructura conceptual importada del dominio fuente. Las metáforas de varias correspondencias son por defecto metáforas estructurales, ya que esta justamente es su función. Por su parte, las metáforas ontológicas sirven para dar un estatus ontológico y por tanto mayor definición a los dominios abstractos.

Para concluir, las metáforas orientacionales dotan de coherencia a un conjunto de metáforas en nuestro sistema conceptual, puesto que comparten la misma fuente.

4.   Evidencia lingüística y psicolingüística

La existencia de metáforas conceptuales se sugirió en un primer momento a la vista de las sorprendentes sistematicidades que caracterizan nuestro lenguaje metafórico habitual. Pero pronto nuevos descubrimientos lingüísticos vinieron a respaldar la existencia de estas asociaciones conceptuales.

Un análisis mediante metáforas de los distintos significados que una palabra tiene en la actualidad nos revela que estos no son accidentales, sino que están relacionados. Una de las fuentes más convincentes de evidencia empírica proviene del campo de la psicología y la psicolingüística.

En los últimos años la evidencia empírica se ha multiplicado y también focalizado. La mayor parte de estudios en psicología experimental versan sobre asociaciones de las que llamaríamos primarias o correlaciónales, y muestran que en este caso la activación de las metáforas sí es automática. Una de ellas es la asociación entre IRA y Calor, basada en la experiencia fisiológica de aumento de temperatura que acompaña a la emoción.

5.   Las metáforas a nuestro alrededor

Además de la semántica y la psicología cognitiva, muchas otras disciplinas han adoptado el marco teórico que ofrece la teoría de la metáfora conceptual. Entre ellas cabe citar el aprendizaje y la adquisición de lenguas, el estudio de la lengua de signos, la crítica literaria , el estudio de la gramática y la filosofía. Igualmente amplia es la gama de temas que se convierten en objeto de estudio en el marco de la metáfora conceptual. Entre ellos encontramos las emocionales, las matemáticas, la moralidad, la publicidad, el mundo de la inteligencia artificial, la informática y el internet. La metáfora se utiliza también en el estudio del movimiento figurado o movimiento ficticio y en el impacto que el movimiento ficticio tiene en nuestra conceptualización del tiempo. El objetivo de estos estudios es determinar en qué casos son posibles estas metáforas, qué variación existe entre las distintas lenguas, y hasta qué punto este movimiento metafórico se procesa cognitivamente de la misma manera en que procesamos el movimiento real.