SEMINARIO TALLER DE LENGUAJE Y LITERATURA
domingo, 20 de julio de 2014
miércoles, 16 de julio de 2014
Semántica conceptual
LA SEMÁNTICA CONCEPTUAL
1. Introducción
La
semántica conceptual parte del postulado básico que el lenguaje es el vehículo
del significado y, a su vez, la ventana que nos muestra cómo los hablantes de
una lengua conceptualizan o entienden la realidad.
2. El lenguaje como entrada al sistema
conceptual
Según
Talmy, el lenguaje es la puerta de entrada a nuestro sistema conceptual, en
otras palabras, la estructura semántica que se observa en la lengua es un
reflejo de la estructura conceptual, de las representaciones mentales que los
hablantes de una lengua tienen del mundo en el que viven. El sistema conceptual
no es una reproducción exacta de la realidad; el sistema conceptual esta
corporeizado y emerge de la experiencia corpórea con el mundo que nos rodea y
con el que interactuamos continuamente.
El
sistema conceptual está formado por dos subsistemas: el sistema de
estructuración conceptual y el sistema de contenido conceptual. El lenguaje,
tiene a su vez, dos sistemas claramente diferenciados que muestran la
bifurcación de los dos subsistemas conceptuales. Por un lado tenemos el sistema
abierto o el léxico, que es el que aporta el contenido conceptual y, por el
otro, el sistema cerrado o la gramática, que es el que ofrece el “esqueleto” o
la “estructura” sobre la cual se engarza el contenido conceptual.
3. Los sistemas esquemáticos
La
estructura conceptual, según la teoría de Talmy, está formada por una serie
limitada de sistemas esquemáticos. Estos sistemas esquemáticos proporcionan la
“arquitectura” básica sobre la cual el contenido conceptual, expresado por el
sistema abierto o el léxico, se engasta. Dicho de otro modo, los sistemas
esquemáticos estructuran una escena expresada a través del lenguaje; cada uno
de los sistemas contribuye a un aspecto estructural de dicha escena.
Inicialmente
Talmy propone cuatro sistemas esquemáticos; el sistema de estructura
configuracional, el sistema de perspectiva, el sistema de atención y el sistema
de dinámica de fuerzas. Más tarde dicho autor añadirá a estos cuatro uno más:
el sistema del estado cognitivo, y no cierra la posibilidad de incluir otros a
futuro.
3.1
El sistema de estructura configuracional
3.2
El sistema de perspectiva
3.3
El sistema de la distribución de la atención
3.4
El sistema de la dinámica de fuerzas
3.5
El sistema del estado cognitivo
4. La expresión del movimiento
Parte
del trabajo de Leonard Talmy se ha centrado en el estudio de la expresión de
los eventos de movimiento en distintos, movimientos, y en el establecimiento de
una tipología basada en los diferentes patrones que las lenguas emplean para
expresar dichos eventos. Antes de abordar la tipología propuesta por Talmy, es
necesario explicar que es un evento de movimiento y los componentes semánticos
que lo forman.
Según
Talmy el evento de movimiento básico consiste en un objeto (la figura) que se
mueve o que está situado con respecto a otro objeto. Para este autor los
eventos de movimiento engloban situaciones que contienen tanto desplazamiento
como situaciones estáticas.
Los
eventos de movimientos están formados, a su vez, por cuatro componentes
semánticos: la figura o la entidad que se mueve, la base o entidad con respecto
a la que se mueve la figura, el movimiento y el camino o sendero, que es el
componente semántico más importante.
4.1
Verbos de movimiento: tres tipos de lengua
4.2
Camino: dos tipos de lengua
5. Conclusión
El
presente capítulo ha introducido brevemente al lector en una de las teorías
fundamentales dentro de la lingüística cognitiva: la semántica conceptual. Esta
teoría semántica define que la gramática, al igual que el léxico, tiene
significado y que ambos sistemas lingüísticos se encargan de expresar aspectos
distintos de la estructura conceptual, de nuestras representaciones mentales
del mundo en que vivimos. A partir de cómo se manifiesta en el lenguaje,
nuestro sistema conceptual puede dividirse en dos subsistemas, el sistema de
estructuración conceptual y el sistema de contenido conceptual.
Escritor en el tiempo
EL ESCRITOR EN EL TIEMPO
La
producción literaria es el producto de una población de escritores que, a
través de los siglos, se somete a fluctuaciones análogas a las de los demás
grupos demográficos. Para obtener una definición sobre esta población
literaria, se puede entrever dos procedimientos extremos. El primero
consistiría en catalogar todos los autores de libros publicados en un país
entre dos fechas determinadas. El segundo consistiría en remitirse a una lista
de buena fe, como el índice de un manual de historia de la literatura de
reconocida calidad.
De
hecho, ninguno de los dos procedimientos no es satisfactorio. El primero
descansa sobre una definición mecánica del escritor ya que ignora la necesaria
convergencia o compatibilidad de intenciones entre lector y autor. Por la misma
razón, el escritor considerado como un simple “productor de palabras” es algo
sin significación literaria.
La
visión crítica del índice parece pues más justa. Pero es suficiente con
analizar el índice de un manual de literatura para notar, habida cuenta del
crecimiento de la población literaria, que la proporción de los autores citados
aumenta a medida que uno se acerca a la fecha en la que el manual ha sido
compuesto. La progresión empieza siendo muy lenta, y puede considerársela
prácticamente sin importancia hasta la época en que aparecen escritores cuya
vida alcanza la del autor del manual, es decir, que vivían todavía en el
momento en que este autor comenzaba sus estudios.
La
elaboración a la que la perspectiva histórica somete a la población de
escritores, es a la vez cuantitativa y cualitativa. Cuantitativamente, la
selección decisiva y la más severa es la de la primera generación exterior a la
zona biográfica. Toda antología es discutible en sus pormenores, pero la
experiencia prueba que si han sido tomadas las precauciones convenientes, se
obtiene por este método un reparto normal, cuyo ritmo general no cambia gran
cosa si se modifica los elementos de selección o la severidad del criterio.
Generaciones y equipos
El
primer fenómeno que un catálogo semejante permite estudiar es el de la
generación. La generación, tal como la entienden Albert Thibaudet o Henri
Peyre, es un fenómeno evidente: en cada literatura, las fechas de nacimiento de
los escritores se agrupan por «equipos» en ciertas zonas cronológicas. Se
encontrará en la obra de Henri Peyre un repertorio completo de estas
generaciones, válido para muchas literaturas europeas.
La
noción de generación no debiera sin embargo ser utilizada más que con ciertas
precauciones.
El
primer escollo que es preciso evitar es el de la “tentación cíclica”. Es
realmente seductor imaginar que estos grupos cronológicos de escritores se
suceden a intervalos regulares.
Segunda
observación, las generaciones literarias difieren de las generaciones
biológicas en que constituyen grupos numéricamente identificables: “equipos”.
Por el contrario, en la población general de un país, la repartición de los
grupos de edad varía muy lentamente y dentro de unos límites relativamente
estrechos.
Una
tercera observación sigue a la precedente. Cuando se habla de una generación de
escritores, la fecha significativa no puede ser ni la de nacimiento ni la de
los veinte años. No se nace escritor, se convierte uno en ello, y es muy raro
que se haya alcanzado ya a los veinte años.
La noción
de generación, que nos seduce de entrada, no es pues absolutamente clara. Quizá
sería mejor sustituirla por la de «equipo», más dúctil y más orgánica. El
equipo es el grupo de escritores de todas las edades (aunque de una edad
dominante) que, en ocasión de ciertos acontecimientos, “toma la palabra”, ocupa
la escena literaria y, conscientemente o no, bloquea el acceso a ella durante
un cierto tiempo, prohibiendo a las nuevas vocaciones realizarse.
¿Cómo abordar el hecho literario?
I.
Libro, lectura y Literatura
Definir
el libro es cosa difícil. Littré duda entre una definición material – “reunión
de varios cuadernos de páginas manuscritaso impresas” – y una definición
semiintelectual –“obra espiritual, sea en prosa o en verso, de una extensión lo
suficientemente amplia para llenar al menos un volumen”.
El
defecto de todas estas definiciones es que consideran el libro como un objeto
material y no como un medio de intercambio cultural. Ahora bien, un libro es
una “máquina para leer”, y es la lectura lo que lo define: “Es el esfuerzo
conjugado del autor y el lector que hará surgir este objeto concreto e
imaginario que es la obra del espíritu”.
Copiado,
impreso o fotografiado, el libro tiene por finalidad permitir la multiplicación
de la palabra, al mismo tiempo que su conservación: un libro para una sola
persona no tendría ningún sentido.
Ahora
bien, la unidad estadística es el título y no el ejemplar. Teniendo en cuenta
las importaciones y las repeticiones, la estadística por títulos nos pude
indicar, como máximo, la riqueza y la variedad de la vida intelectual de un
país; nos permite evaluar el número y la productividad de sus escritores, pero
no nos da ninguna idea del papel de la lectura en la vida social. Para analizar
el fenómeno de la lectura, sería preciso tener en cuenta las tiradas –no tan
solo las de la edición, sino incluso las de la prensa.
Todas
las lecturas posibles no son efectivas. Partiendo de las cantidades de papel,
eliminando a los analfabetos y a los niños, habida cuenta de que un mismo
material sirve para tres o cuatro lectores, deberíamos admitir que un francés
lee por término medio 40.000 palabras por día y un inglés, tres veces más.
El
libro, como podemos ver, no representa sino una pequeña parte de las lecturas
posibles y una más pequeña todavía de las lecturas efectivas. Su desquite se
presenta en el momento de aparecer la noción de literatura.
No
se puede pues confiar en las clasificaciones formales o materiales sistemáticas
para hacernos una idea clara de las relaciones lectura-literatura. Es más bien
la naturaleza del intercambio autor-público lo que nos permite definir lo
literario y lo que no lo es. Todo escrito puede convertirse en literatura, en
la medida en que nos permite evadirnos, soñar o, por el contrario, meditar,
cultivarnos gratuitamente.
Y,
al revés, hay usos no literarios de obras literarias: el consumo de literatura
no se identifica con la lectura literaria. Se puede comprar un libro con otras
intenciones que no sean las de leerlo. Se puede leer un libro con otras
intenciones distintas a las de obtener de él un placer estético o un beneficio
cultural. Por ende, una definición rigurosa de literatura supone una
convergencia de intenciones entre lector y autor; una definición más amplia
exige por lo menos una compatibilidad de intenciones.
II.
Las vías de acceso
El
método más evidente para comprender un fenómeno a la vez psicológico y
colectivo es el de interrogar a un número de personas juiciosamente elegidas.
Quien
nos cite a Stendhal o Malraux como sus lecturas habituales y confiese que lee,
a veces, una novela policíaca o dos para relajarse, no querrá admitir que el
tiempo consagrado por él a la lectura policíaca, es de hecho, muy superior al
que concede a sus “libros favoritos”. Si menciona la lectura del periódico,
olvidará aquellos minutos que consagra a la tira de dibujos y que, en total,
representan un tiempo apreciable; asimismo, pasarán desapercibidas las lecturas
de la sala de espera, o las que se pasan en la biblioteca de los niños.
Hay
aquí un amplio campo cuya explotación no puede negligir el historiador
literario. Es lo que se llama la “subliteratura”, o la “infraliteratura”, o las
“literaturas marginales”. Entre esta zona ignorada de los manuales hasta una
época muy reciente, y el dominio de las obras “nobles”, existen constantes
intercambios a nivel de temas, ideas y formas. Y llega aún a suceder que una
obra pasa a veces de un sector a otro. Como se verá más tarde, pertenecer a la
literatura o a la subliteratura no se define por las cualidades abstractas del
escritor, de la obra o del público, sino por un cierto intercambio.
El
testimonio de los intermediarios del libro podría tener más valor, pues
editores, libreros y bibliotecarios controlan los principales rodajes del
mecanismo de los intercambios. Desgraciadamente, para las dos primeras
categorías, el secreto comercial es una mordaza demasiado eficaz; para la mayor
parte de ellos, su despacho o su tienda son puestos de mando cerrados, donde
sin embargo ejercen una influencia real y decisiva sobre escritores y el
público.
El
caso de los bibliotecarios es poco distinto, pues está generalmente en
condiciones de dar testimonio directo sobre el comportamiento de sus lectores.
El inconveniente es que este testimonio no se refiere sino a una parte muy reducida
y especializada de público: la del lector de biblioteca.
Es a
través del estudio de los datos objetivos explotados sistemáticamente y sin
ideas preconcebidas que será preciso abordar el hecho literario. De entre los
datos objetivos vamos a utilizar en primer lugar, los estadísticos.
Se
puede finalmente llegar al estudio de casos concretos según los métodos de la
literatura general o de la literatura comparada: éxito de una obra, evolución
de un género o de un estilo, planteamiento de un tema, historia de un mito,
etc.
Ambiguedad
AMBIGÜEDAD
1.
Introducción al problema
¿Qué
es la ambigüedad?
Tenemos por ejemplo que una
palabra es ambigua si tiene diferentes significados o sentidos, o si se está en
lugar de ideas diferentes. Pero entidades fantasmagóricas tales como
significados, sentidos, o ideas no producen más que el fantasma de una
explicación. Desde una perspectiva más concreta pude decirse que una palabra es
ambigua cuando tiene diferentes lecturas en el diccionario, es decir, si está
correlacionada con diferentes expresiones actuales del diccionario. ¿Pero qué diccionario
hay que escoger y cómo ha sido hecho? ¿Son claramente formulables los
principios de acuerdo a los cuales se han establecido sus lecturas? Las
lecturas no sinónimas pueden significar generalidad más que ambigüedad.
2.
Inscripciones y extensiones: ambigüedad elemental
Las propuestas que acabamos
de considerar tienen en común lo siguiente: el que interponen entre las
palabras y las cosas denotadas entidades adicionales- significados, sentidos,
ideas o lecturas como raíz de la ambigüedad; entidades cuya individuación, o
papel explicativo, es obscuro, y que implican, como mínimo, el recurso a la
controvertida noción de sinonimia.
3.
Ambigüedad-E, generalidad y vaguedad
La categoría inclusiva,
desde el punto de vista de nuestro interés presente, es la de ambigüedad, con
los indicadores formando un subgrupo de términos ambiguos, distinguibles a
grandes rasgos por el hecho de que la variación extensional de las réplicas-
indicadores está relacionada, de una manera relativamente sistemática, con
algún rasgo contextual de estas réplicas. Así, un “yo” se refiere normalmente a
su propio productor, y un “ahora” aun adecuado período de tiempo dentro del
cual se encuentra su propia producción.
4.
Ambigüedad de Ocurrencia: Ambigüedad- I
La ambigüedad elemental, por
tanto, no concuerda con las interpretaciones usuales. Al decir que una
expresión es “ambigua” con frecuencia queremos decir que hay alguna dificultad
ligada a su interpretación en una ocurrencia dada, es decir, alguna indecisión
que afecta al giro singular.
Asimilar una tal indecisión
a mera vaguedad sería obviar el punto crucial de que tal como lo expone Richman
“la ambigüedad psicológica implica una ambigüedad semántica”.
5.
Ambigüedad de ocurrencia: ambigüedad- M
Ya que la palabra
“alumbraron” es un juego de palabras que denota ambas cosas, parir e iluminar,
el juego requiere ambas referencias; ya que no se trata de decidir sobre la
pretendida referencia única. Con todo, ambas referencias no pueden, sin
contradicción, atribuirse al mismo término.
Pero tampoco podemos
expeditivamente relativizar la denotación a lenguajes o sistemas, de manera tal
que el mismo giro tenga, por ejemplo, una extensión en un lenguaje dado, y otra
en uno diferente. Un giro frase es un tofo integrado por giros- palabra con
espaciamiento y orientaciones mutuas apropiadas, articulados gramaticalmente en
el orden lineal normal.
6.
Un problema nuevo: centauros verdes
Richman hace notar el caso
siguiente, planteando un problema nuevo “centauro verde”, escribe, es un
término ambiguo, dado que puede usarse para significar centauros de un cierto
color, o centauros de un cierto grado de experiencia; las clases a las que
alude, sin embargo son ambas idénticas, ya que ambas son vacías.
7.
Diferencia de significado
Al tratar de la ambigüedad
hemos avanzado algo apelando a la divergencia extensional, si bien nos hemos
encontrado con dificultades para los casos en que la ambigüedad persiste en una
tal divergencia. Hemos visto que la identidad de la extensión no elimina en
todos los casos las diferencias de significado asociadas a distintas réplicas.
8.
Ambigüedad constituyente
La idea que se impone
rápidamente es la de tener en cuenta las extensiones de las palabras, tanto
constituyentes como compuestas. El criterio original de Goodman basculaba en
torno a la referencia a las extensiones de las dos mismas palabras originales,
así como a las de sus compuestos. Aplicado a los giros, este criterio no puede
explicar el caso del “centauro verde”. Pero solo queremos hacer observar que
las réplicas de la palabra constituyente “verde” se caracterizan por la
ambigüedad elemental, dado que algunas denotan cosas de un cierto color y, otras,
cosas de un cierto grado de experiencia.
9.
Ambigüedad compuesta
Consideremos, primero, que
la ambigüedad constituyente depende de la separabilidad de los constituyentes.
Palabra de los giros dados. ¿No podemos concebir una ambigüedad que sigue
siéndolo aun cuando no se admita tal separabilidad? Imaginemos, por ejemplo,
que hemos aprendido a entender desde un principio todo giro “centauro verde”
como una unidad indivisible singular, no teniéndose como dominio alguno de los
giros “verde” aislados. Sin embargo, se sabe que todos los giros “centauro
verde” son idénticos en extensión, al no haber centauro verde alguno. Por
tanto, no hay aquí ambigüedad elemental alguna, ni tampoco hay, por falta de
separabilidad relevante, ambigüedad constituyente alguna.
10.
Selección de la mención
Una clave nos la proporciona
una ulterior consideración sobre la situación de aprendizaje. Observamos que no
porque un niño entresaque siempre el término “centauro” puede por ello
considerarse que haya captado aun el todo de la cuestión, hasta que no podamos
está seguro de que él, o ella, pueda seleccionar correctamente imágenes de
centauro. Ahora bien, en la selección de tales imágenes, el niño, de modo
típico, no usa de hecho el compuesto “imagen de centauro”, sino más bien el
término original “centauro”. Además, al señalar al centauro en un dibujo
determinado se espera que el niño aplique el mismo término “centauro” a una
región apropiada del dibujo. Tales usos cuasi- denotativos del término los
llamaremos selectivos de la mención, ya que, aunque literalmente no denotan ni
imágenes de centauro, ni ámbitos de centauro, se están utilizando aquí, de
forma reminiscente de la metáfora, para seleccionar de hecho menciones de
centauro.
El Discurso
EL
ESTUDIO DEL DISCURSO
Teun
A. van Dijk
¿Qué
es el discurso?
Lo que ocurre en este caso
lo mismo que con otros conceptos afines, como “lenguaje”, “comunicación”,
“interacción”, “sociedad” y “cultura”: la noción de discurso es esencialmente
difusa. Pero se puede ir cogiendo por partes y sacar un concepto poco a poco.
Decir que el discurso es un suceso de comunicación ya que el lenguaje sirve
para comunicar ideas o creencias y lo hacen como parte de sucesos sociales más
complejos. Podemos también mencionar que el discurso es una interacción verbal,
ya que un simple encuentro de amigos podemos intercambiar lenguaje verbal y no
verbal con ellos, haciendo efectivo lo que acabo de mencionar.
Por otro lado, el uso del
lenguaje no se limita al lenguaje hablado, sino que incluye el lenguaje
escrito, ya que existe mucha similitud en la manera como las personas habla o
escriben cuando utilizan el lenguaje para comunicar sus ideas y lo mismo ocurre
cuando a gente escucha o lee un discurso. Además los textos también tienen
usuarios y es así que podemos hablar de una interacción escrita a pesar de no
interactuar cara a cara.
El
discurso como estructura verbal:
v El
sonido, la vista y el cuerpo
En el discurso hablado los
sonidos tampoco ocurren aislados, están acompañados por diversos tipos de
actividad no verbal, como los gestos, las expresiones faciales, la posición del
cuerpo, la proximidad, el aplauso y la risa, acciones que acompañan a las conversaciones.
Hablar de aspectos
auditivos, visuales y corporales del discurso presupone una diferenciación ben
conocida: la conversación y el texto, donde la primera comprende las
conversaciones cotidianas, el dialogo, etc. Mientras que el segundo define un
conjunto grande de tipos de discurso que comprende los libros, las novelas,
etc.
v Orden
y forma
El orden de las palabras o
de las frases puede cumplir diversas funciones con respecto a otras oraciones
del discurso. El orden también puede desempeñar otras funciones como la de
indicar contraste, énfasis o una elección entre varias alternativas. El orden
normal de las palabras de una oración puede cambiar en función de la estructura
de las oraciones anteriores o de la información que estas brindan.
Por otro lado la forma de
las oraciones opera como indicador de la
distribución de la información a través del discurso, la estructura formal de
las oraciones en el discurso es independiente del resto del discurso.
v Sentido
La descripción del sentido
del discurso dejamos atrás la lingüística y la gramática tradicionales y
encontramos nociones típicas del discurso propiamente dicho. Los tópicos de un
discurso constituyen los sentidos globales
del discurso definen sus coherencia
global o macroherencia. Cuando explicitamos el tópico de un texto en realidad estamos contestado preguntas
como: ¿de qué está tratando o hablando? Los tópicos son elementos cruciales del
texto y la conversación. Sin ellos ¿no
sabríamos de qué estamos hablando o que estamos
leyendo. Definen la unidad global del discurso y se expresan
habitualmente en ciertos segmentos del
discurso como los titulares, los resúmenes o las conclusiones.
v Estilo
Se puede intentar definir en
términos de variación. Es decir que para referirnos a las mismas personas,
podemos utilizar ítems léxicos diferentes. Cuando estas variaciones ocurren en
función del contexto, se dice que estaos frente a características del estilo
del discurso.
v Retórica
Los análisis retóricos
habitualmente se ocupan de estos “Recursos” de persuasión, es decir, de las
estructuras especiales del discurso que atraen la atención en razón, por
ejemplo, de una repetición inesperada, de un orden invertido, de estructuras
que quedan incompletas o de cambios del sentido.
Discurso
y sociedad:
En este caso podemos hablar
de estructuras locales y globales del contexto. Entre las restricciones
contextuales locales del discurso tenemos, a situación, los participantes y
sus diversos papeles comunicativos y
sociales. El contexto global se vuelve relevante tan pronto como identificamos
el discurso u otras acciones corrientes
como una parte constituyente de acciones o procedimientos
institucionales u organizativos y cuando los participantes interactúan en
calidad de miembros de categorías sociales.
v Análisis
social del discurso
El discurso es una parte
intrínseca de la sociedad y participa de todas sus injusticias, así como de las
luchas que se emprenden contra ellas. Los analistas críticos del discurso no se
limitan a observar tales vínculos entre el discurso y las estructuras sociales,
sino que se proponen ser agentes del cambio, y lo hacen como expresión de
solidaridad con todos los que necesitan con urgencia ese cambio.
v Estudios
del discurso
Estos estudios surgieron en
la década de 1960 más o menos al mismo tiempo en diversas disciplinas de las
humanidades.
El estructuralismo aportó un marco más amplio para el estudio de
la narrativa, los mitos, la literatura, las películas cinematográficas y otras
prácticas semióticas.
En cuanto a la sociología y
pragmática existen trabajos dedicados al
estudio de la naturaleza discurso, que subraya la necesidad de estudiar el
lenguaje concreto en sus contextos sociales y culturales variables.
Según la psicología social y
discursiva, partiendo del paradigma cognitivo predominante e inspirados en los
principios de la etnometodologia, destacaron en particular la realización
interactiva de fenómenos psicológicos como a comprensión, la explicación, las
opiniones y las ideologías.
Diversidad
e integración
Algunos investigadores jamás
aceptaran la honda división que se hacía entre la cognición por una parte y la
interacción, la sociedad y la cultura por la otra y promovieron el estudio de
la antropología cognitiva y de la cognición social como base del análisis del
discurso que, para ellos, entrenaba una dimensión sociocultural y otra
cognitiva. Por un lado los estudios del discurso reprodujeron parcialmente las
bien conocidas limitaciones propias de las disciplinas especializadas o las
divisiones arbitrarias propias del trabajo y las esferas de interés de los
investigadores.
lunes, 14 de julio de 2014
Metáfora conceptual
LA METÁFORA CONCEPTUAL
Es
un fenómeno de cognición en el que un área semántica o dominio se representa
conceptualmente en términos de otro.
Esto quiere decir que utilizamos nuestro conocimiento de un campo conceptual, a
menudo concreto o cercano a la experiencia física, para estructurar otro campo
que suele ser más abstracto. El primero se denomina dominio fuente, puesto que
es el origen de la estructura conceptual que importamos. El segundo se denomina
dominio meta o destino. Por ejemplo, la metáfora conceptual según la cual
conceptualizaríamos el tiempo en términos de dinero se denomina
convencionalmente EL TIEMPO ES DINERO. Esta metáfora es responsable de múltiples
expresiones en español como ganar tiempo, malgastar tiempo o ahorrar tiempo.
Es
importante distinguir entre metáfora conceptual y expresión lingüística
metafórica. Las primeras son esquemas abstractos de pensamiento que se
manifiestan de muchas formas, entre ellas el lenguaje, en cambio, las
expresiones lingüísticas pueden variar de una lengua a otra aunque la metáfora
conceptual sea la misma.
Una
metáfora conceptual indica un conjunto de asociaciones sistemáticas entre los
elementos del dominio fuente y el dominio meta así como un conjunto de
inferencias que resultan posibles gracias a esa asociación. Las asociaciones
entre elementos se denominan correspondencias ontológicas y las proyecciones de
conocimiento, que nos permiten hacer inferencias, se denominan correspondencias
epistémicas.
EL
lenguaje nos sugiere que muchos de nuestros conceptos más básicos se
conceptualizan metafóricamente. Por ejemplo, es difícil hablar de las causas,
los estados, las acciones, el tiempo, las ideas o la vida sin usar lenguaje
metafórico (“responder” a una causa o “ganar” tiempo). Como las metáforas
conceptuales son fenómenos de pensamiento, también encuentran expresión en los
gestos, en el comportamiento, en la pintura, o incluso en los objetos que
creamos para nuestro uso cotidiano.
1.
El origen de las metáforas
Las
metáforas conceptuales no son arbitrarias. Según la literatura, la principal
motivación de una metáfora conceptual puede residir en su base experiencial o
en la percepción que hacemos de un parecido entre dominios.
La
segunda motivación de las metáforas conceptuales es la percepción de un
parecido entre dos dominios. El parecido puede ser real y objetivo (por
ejemplo, entre la forma de un ratón y la del accesorio informático), o
simplemente “percibido”. Un parecido es un parecido que construimos entre dos
entidades objetivamente diferentes porque según nuestros modelos culturales
tienen algún rasgo en común o porque las metáforas conceptuales que ya poseemos
nos invitan a ver una similitud entre ellos. Por ejemplo, los linces y las
personas inteligentes tienen objetivamente poco en común, exceptuando un rasgo
que se adjudica a ambos en nuestra cultura: el de ser astutos.
Las
metáforas que poseemos también nos permiten construir una similitud estructural
entre dos dominios dispares. Por ejemplo, la ira se conceptualiza en muchos
idiomas como una sustancia caliente que ejerce presión dentro del cuerpo.
Objetivamente existe poco parecido entre algo concreto como una sustancia
física y algo abstracto como una experiencia emocional ; sin embargo, nos
resulta fácil entender la “lógica” que justifica expresiones como hervir la
sangre o explotar. Esto porque la ira y los fluidos calientes dentro de un
contenedor a presión nos parecen “similares” , así según nuestro repertorio de
metáforas conceptuales más básicas, las emociones son objetos/sustancias, el
cuerpo es un contenedor y la intensidad es calor.
Es
importante señalar que toda representación ocurre en el marco de una cultura.
Un ejemplo claro son las metáforas en las que la PERCEPCIÓN se utiliza como
dominio fuente. Muchos idiomas tienen expresiones en las que las experiencias
de los sentidos (vista, oído, gusto, tacto y olfato) se utilizan para
representar experiencias más abstractas de tipo cognitivo o emocional (olerse
algo o tocar la fibra sensible). Las metáforas de PERCEPCIÓN por tanto ilustran
cómo la cultura sirve de filtro a las posibles representaciones metafóricas que
pueden construirse en base a nuestras experiencias sensoriales y motoras.
2.
Principales características
Las
metáforas conceptuales se caracterizan por ser un fenómeno cognitivo, no un
simple accidente lingüístico, y por esta razón su presencia es ubicua dentro y
fuera del lenguaje.
3.
Principales distinciones tipológicas
Un
primer criterio es la estructura. Gracias a ella podemos clasificarlas en
proyecciones de una correspondencia y proyecciones de varias correspondencias.
En las primeras, el dominio fuente solo exporta un rasgo. El objetivo de estas
proyecciones es dar prominencia a una parte del dominio meta mediante una
característica muy saliente y esencial del dominio fuente. Por el contrario, en
las metáforas de varias correspondencias, el dominio fuente exporta un amplio
conjunto de correspondencias tanto ontológicas como epistémicas que nos
permiten estructurar el dominio meta de manera más compleja, y por tanto
expandir las inferencias que podemos hacer sobre él.
De
acuerdo a su función, las metáforas pueden clasificarse en estructurales,
ontológicas y orientacionales. La función de las primeras consiste en organizar
nuestro conocimiento del dominio meta mediante la rica estructura conceptual
importada del dominio fuente. Las metáforas de varias correspondencias son por
defecto metáforas estructurales, ya que esta justamente es su función. Por su
parte, las metáforas ontológicas sirven para dar un estatus ontológico y por
tanto mayor definición a los dominios abstractos.
Para
concluir, las metáforas orientacionales dotan de coherencia a un conjunto de
metáforas en nuestro sistema conceptual, puesto que comparten la misma fuente.
4.
Evidencia lingüística y psicolingüística
La
existencia de metáforas conceptuales se sugirió en un primer momento a la vista
de las sorprendentes sistematicidades que caracterizan nuestro lenguaje
metafórico habitual. Pero pronto nuevos descubrimientos lingüísticos vinieron a
respaldar la existencia de estas asociaciones conceptuales.
Un
análisis mediante metáforas de los distintos significados que una palabra tiene
en la actualidad nos revela que estos no son accidentales, sino que están
relacionados. Una de las fuentes más convincentes de evidencia empírica
proviene del campo de la psicología y la psicolingüística.
En
los últimos años la evidencia empírica se ha multiplicado y también focalizado.
La mayor parte de estudios en psicología experimental versan sobre asociaciones
de las que llamaríamos primarias o correlaciónales, y muestran que en este caso
la activación de las metáforas sí es automática. Una de ellas es la asociación
entre IRA y Calor, basada en la experiencia fisiológica de aumento de
temperatura que acompaña a la emoción.
5.
Las metáforas a nuestro alrededor
Además
de la semántica y la psicología cognitiva, muchas otras disciplinas han
adoptado el marco teórico que ofrece la teoría de la metáfora conceptual. Entre
ellas cabe citar el aprendizaje y la adquisición de lenguas, el estudio de la
lengua de signos, la crítica literaria , el estudio de la gramática y la
filosofía. Igualmente amplia es la gama de temas que se convierten en objeto de
estudio en el marco de la metáfora conceptual. Entre ellos encontramos las
emocionales, las matemáticas, la moralidad, la publicidad, el mundo de la
inteligencia artificial, la informática y el internet. La metáfora se utiliza
también en el estudio del movimiento figurado o movimiento ficticio y en el
impacto que el movimiento ficticio tiene en nuestra conceptualización del
tiempo. El objetivo de estos estudios es determinar en qué casos son posibles estas
metáforas, qué variación existe entre las distintas lenguas, y hasta qué punto
este movimiento metafórico se procesa cognitivamente de la misma manera en que
procesamos el movimiento real.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
